¿Cómo plantea la ciencia derrotar al coronavirus?

La pandemia del coronavirus SARS-CoV-2 de COVID-19 ha movilizado de un modo sin precedentes a un sector cuyo papel es clave en esta crisis: la investigación científica. Según la revista Nature se calcula que el 12 de marzo se habían realizado ya unos 900 estudios sobre un virus que tres meses antes ni siquiera se conocía.

Vamos a dar una vuelta a los principales hitos que los científicos están alcanzado y a los puntos pendientes contra esta amenaza.

Preparación contra epidemias

En todo el mundo se ha elogiado el éxito de Corea del Sur al contener la epidemia de COVID-19 sin obligar al confinamiento de su población. Los análisis han destacado como factores clave la realización de test masivos, el aislamiento de los contagiados y la cuarentena de sus contactos, así como un controvertido seguimiento de los casos a través de los teléfonos móviles o las tarjetas de crédito.

Esta respuesta eficaz no es producto de la improvisación: tras el brote del coronavirus del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS) que en 2015 infectó en aquel país a 186 personas, 36 de las cuales fallecieron, el gobierno coreano lanzó un plan especial de preparación contra epidemias cuyos frutos se están obteniendo ahora.

Test de diagnóstico

Uno de los logros de la ciencia en la batalla contra el SARS-CoV-2 es el desarrollo del primer test de diagnóstico en menos de tres semanas desde que la OMS anunciara el brote en China, cuando el virus aún ni siquiera tenía nombre definitivo. En apenas un par de meses, existen ya centenares de test de diagnóstico comercializados o en desarrollo.

Los test más extendidos se basan en la detección de los genes del virus por la Reacción en Cadena de la Polimerasa (PCR). A estas pruebas se están uniendo otras con los objetivos de abaratar el coste y acelerar el diagnóstico, test rápidos que no precisen el envío de las muestras a grandes centros automatizados, sino que puedan realizarse en los puntos de atención médica o incluso en el propio domicilio.

Destacan los test serológicos, que detectan los anticuerpos contra el virus en la sangre y que permiten no solo diagnosticar a los enfermos, sino también detectar quiénes han superado la infección incluso sin síntomas. Según los expertos, esto servirá para identificar a las personas ya inmunes al virus y para apreciar la escala real de la pandemia. Los test serológicos se han empleado ya en Singapur y en China, y se espera que pronto estén disponibles para su uso masivo en otros países.

Nuevos antivirales

En el campo de los nuevos tratamientos específicos contra el virus, uno de los enfoques es el uso de anticuerpos monoclonales —moléculas similares a las que nuestro sistema inmune fabrica para combatir las infecciones— diseñadas en el laboratorio para dirigirse contra ciertas piezas del virus. Se ha detallado la estructura de la proteína Spike (S) que el virus utiliza para infectar, un claro objetivo para el diseño de estos anticuerpos.

Un segundo enfoque consiste en crear fármacos que interfieran con las proteínas vitales del virus. Un estudio ha revelado la estructura de la principal proteasa que el SARS-CoV-2 emplea para procesar las proteínas que construyen las nuevas partículas virales, junto con la de un inhibidor que puede bloquear esta función e impedir la reproducción del virus. Con todo, cualquier nuevo tratamiento deberá superar un largo proceso de ensayos clínicos, lo que plantea un horizonte de años de espera.

Antisueros y reposicionamiento de fármacos

Hasta que lleguen los nuevos medicamentos, existen al menos otras dos estrategias posibles. La primera consiste en emplear plasma de personas que hayan padecido la infección y se hayan recuperado, y cuyos anticuerpos pueden ayudar a los enfermos a luchar contra el virus; o bien inducir esta inmunidad en animales y extraer su suero, una técnica inventada a finales del siglo XIX.

Trabajar con animales se trata de una versión más rudimentaria, aunque más inmediata, del uso de anticuerpos explicado más arriba, si bien su eficacia no está garantizada. Esta estrategia se ha venido empleando como primera línea de lucha contra el ébola, pero para aplicarse al nuevo coronavirus antes será necesario disponer de test serológicos fiables.

Un segundo enfoque es el uso de fármacos ya utilizados contra otras dolencias y que puedan mostrar actividad contra el nuevo virus. Ya se han registrado cientos de ensayos clínicos en esta línea.

La ansiada vacuna

Incluso si el progreso en los tratamientos consigue combatir eficazmente la enfermedad, los epidemiólogos apuntan que el fin del SARS-CoV-2 pasa por la obtención de una vacuna. Y el esfuerzo en este campo tampoco tiene precedentes.

Las que lideran la carrera ya están comenzando los ensayos clínicos. Es el caso de la vacuna de ARN mensajero creada por Moderna Therapeutics y los Institutos Nacionales de la Salud de EEUU. Esta fórmula consiste en suministrar a las células las instrucciones para que fabriquen proteínas del virus que estimulen la respuesta inmune. Los primeros voluntarios sanos ya han sido inoculados en Seattle, de un grupo inicial de 45. También en este paso se encuentra la vacuna desarrollada por la firma china CanSino Biologics, una fórmula de vector viral, que emplea un virus inofensivo disfrazado con las proteínas del coronavirus.

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