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El contacto con los europeos mató a tantos indios que modificó el clima

Antes de la llegada de Colón a las Américas en 1492, el continente contaba con prósperas poblaciones indígenas que sumaban más de 60 millones de personas.

El contacto con los europeos trajo consigo no solo conflictos y el hambre, sino también enfermedades como la viruela que diezmó a las poblaciones locales .

Un estudio publicado en la revista Quarternary Science Reviews sostiene que esas muertes ocurrieron en una escala tan grande que llevaron a la Tierra a una “Pequeña Edad de Hielo“: una era de enfriamiento global entre el siglo XVI y mediados del siglo XIX.

El estudio presenta un argumento completamente nuevo. Su punto de partida se remonta a 2003, cuando el climatólogo William Ruddiman lo propuso por primera vez. El estudio es realmente un intento exhaustivo de probar una idea antigua.

Después del rápido descenso de la población, se abandonaron grandes extensiones de vegetación y tierras de cultivo. Los árboles y la flora que repoblaron esas tierras agrícolas no gestionadas comenzaron a absorber más dióxido de carbono y a mantenerlo atrapado en el suelo, eliminando tanto gas de efecto invernadero de la atmósfera que la temperatura promedio del planeta bajó en 0,15 grados centígrados.

Se supone que aproximadamente 60,5 millones de personas vivían en las Américas antes del contacto con Europa y entre los años 1942 y 1600 el 90 por ciento de las poblaciones indígenas en las Américas habían desaparecido. Lo que significa que alrededor de 55 millones de personas murieron debido a la guerra y a las enfermedades nunca antes vistos como la viruela y el sarampión.

Según estos nuevos cálculos, el número de muertos representaba alrededor del 10 por ciento de la población total de la Tierra en ese momento. Más gente que la que actualmente vive en las ciudades de de Nueva York, Londres, París, Tokio y Beijing.

Usando estos números de población y estimaciones sobre la cantidad de tierra que las personas usaban per cápita, los autores del estudio calcularon que las poblaciones indígenas cultivaban aproximadamente 62 millones de hectáreas de tierra antes del contacto con Europa. Ese número también se redujo en aproximadamente un 90 por ciento, a solo 6 millones de hectáreas para 1600.

Con el tiempo, los árboles y la vegetación se apoderaron de las tierras cultivadas anteriormente y comenzaron a absorber más dióxido de carbono de la atmósfera.

El dióxido de carbono atrapa el calor en la atmósfera del planeta, pero las plantas y los árboles absorben ese gas como parte de la fotosíntesis.

Por lo tanto, cuando los terrenos que anteriormente se cultivaban en América del Norte y del Sur, equivalentes a un área casi del tamaño de Francia, se reforestaron con árboles y flora, los niveles atmosféricos de dióxido de carbono disminuyeron.

Los núcleos de hielo de la Antártida que datan de finales de los años 1500 y 1600 confirman esa disminución en el dióxido de carbono. Esa caída de CO2 fue suficiente para bajar las temperaturas globales en 0,15 grados Celsius y contribuir a la enigmática tendencia de enfriamiento global llamada “Pequeña Edad de Hielo “, durante la cual se expandieron los glaciares.

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