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Nov 23 2017

Millones de virus bacteriófagos nos ayudan a mantenernos sanos

virusUn siglo después de que se descubriera que los virus conocidos como bacteriófagos, o simplemente fagos, mataban bacterias en las heces de los soldados de la Primera Guerra Mundial, están atrayendo nuevamente la atención debido al papel que podrían desempeñar dentro del cuerpo humano.

Los fagos se han encontrado en todas partes, desde los océanos hasta los suelos. Ahora, un estudio sugiere que las personas absorben hasta 30 mil millones de fagos cada día a través de sus intestinos.

Aunque no está claro dónde terminan los virus, esos datos y otros estudios recientes hacen que los científicos se pregunten si un mar de fagos dentro del cuerpo -un “fagomato” – podría influir en nuestra fisiología, quizás regulando nuestro sistema inmunológico.

Durante décadas, la mayoría de las investigaciones médicas sobre los fagos se han centrado en convertir estos parásitos bacterianos en antibióticos. Aunque se hayan producido avances alentadores,  la terapia con fagos ha tenido dificultades para convertirse en un tratamiento confiable.

Sin embargo, los fagos podrían ayudar a protegernos de los patógenos. Estudiando animales que van desde los corales hasta los humanos, se ha descubierto que los fagos son más de cuatro veces más abundantes en las mucosas, como las que protegen las encías y el intestino. La mucosa permite a los fagos encontrar bacterias con las que “alimentarse” con lo que se entiende que los virus protegen a las células subyacentes, de posibles bacterias patógenas.

Ahora, se ha encontrado evidencia de que estos virus pueden abrirse camino desde la mucosa del intestino hasta el cuerpo. En laboratorio se ha demostrado que células epiteliales humanas, como las que recubren intestinos, pulmones y capilares que rodean el cerebro, toman los fagos y los transportan por su interior. El mecanismo de transporte permanece desconocido, pero los investigadores detectaron virus encerrados en vesículas dentro de las células.

En 2004, los investigadores dirigidos por Da˛browska estudiaron como un tipo específico de fago puede unirse a la membrana de las células cancerosas, reduciendo el crecimiento y la diseminación del tumor en ratones.

El fagoma también podría alertar al sistema inmune de la presencia de posibles patógenos. Una infección bacteriana traería una ola de nuevos fagos en el cuerpo, los parásitos de las bacterias invasoras, que de alguna manera podrían provocar una respuesta inflamatoria que podría atacar a la bacteria.

Una vez que los científicos entiendan el papel del fagoma humano, podrían comenzar a pensar en usar fagos para manipular las comunidades bacterianas dentro de nuestro cuerpo y tal vez incluso controlar nuestras propias células.

Aunque por el momento hay que ser cautelosos dado que el conocimiento de las interacciones celulares está muy lejos de alcanzar resultados.

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