Qué efectos nos produce el consumo excesivo de patatas fritas

Las patatas fritas son uno de los acompañamientos estrella en nuestra dieta. Aunque esta no es la única forma en que se consumen. Fritas también en aceite, pero más finas, las patatas fritas de bolsa vienen acompañadas de una serie de añadidos que pueden resultar no demasiado favorables para la salud a largo plazo.

El primero de los inconvenientes que puede tener el consumo diario de patatas fritas radica precisamente en su forma de preparación, es decir, en el frito. La patata en sí no presenta ningún inconveniente, el problema es que esté frita en aceite y sobre todo depende de la calidad del aceite. No es lo mismo el aceite de oliva virgen extra que el de girasol.

Fuente de vitaminas

Una patata de 150 gramos puede aportar hasta el 15% de la cantidad recomendada de vitamina C. Esta vitamina está relacionada con el correcto funcionamiento inmunológico y la formación de tejido conectivo en dientes y articulaciones. En el caso de freírla o asarla, una sola patata puede contener hasta un 33% de la cantidad diaria recomendada de potasio, esencial para el funcionamiento celular, recomendado para fortalecer los músculos.

La patata también es rica en vitamina B6 que, entre otras cosas, ayuda a descomponer proteínas e interviene en la formación de glóbulos rojos y anticuerpos. Una sola patata puede aportar el 25% de la cantidad diaria recomendada en adultos. Asimismo, este alimento por si solo contiene colina, necesaria para regular la memoria, el estado de ánimo y el control muscular. También está involucrada en la producción de fosfolípidos, un componente que forma parte de las membranas celulares del cuerpo, algo así como los ladrillos.

El alto contenido en almidón también es otra de las ventajas de este tubérculo. Conocido como un prebiótico más, estimula el crecimiento de las bacterias sanas del intestino, las que ayudan a regular el organismo. Sin embargo, tomado en forma de patatas fritas éste transforma en un ingrediente insano.

Aumento de peso

Consumir patatas fritas todos los días también presenta una serie de problemas. Las patatas fritas son al final grasas saturadas. Este tipo de grasa puede elevar el colesterol en sangre, aumentando la probabilidad de sufrir enfermedades del corazón y cerebrovasculares. También elevan los niveles de ‘colesterol malo’ (LDL) y reducen los niveles del ‘colesterol bueno’ (HDL). De forma general, esto favorece un aumento de peso.

Hiperpalatables

Aunque el problema no sólo radica en el aceite donde se fríen, un estudio de la Universidad de Deakin, Australia, descubrió que como las patatas fritas suelen llevar mucha sal, promueven el consumo excesivo de alimentos grasos. Lo que sería la explicación a su fama de adictivas, en la cual el glutamato también tiene mucho que ver. Esta sustancia que estimula el apetito se encuentra en las patatas fritas de forma natural.

En el caso de las patatas fritas de bolsa y no de freidora, existen investigaciones que relacionan su textura crujiente con la adicción. El crujido en la boca podría producir una satisfacción similar al ASRM que provocaría que el consumidor continuara la ingesta a pesar de sentirse saciado.

Diabetes y cáncer

En un análisis publicado por la revista Journal of Clinical Nutrition, se analizó la dieta de distintos individuos a lo largo de los años, centrándose en el consumo de comida rápida y fritos. La investigación concluye que consumir de forma habitual este tipo de alimentos se asoció significativamente con el riesgo de incidencia de diabetes tipo 2 y enfermedad coronaria.

Las patatas fritas también contienen acrilamida, un compuesto sobre el que recaen indicios de ser cancerígeno, según el Instituto Nacional del Cáncer. Esta sustancia puede producirse cuando los alimentos que contienen el aminoácido asparagina, como las patatas, se calientan a altas temperaturas en presencia de algunos azúcares.

En algunos estudios con animales se ha encontrado que la exposición a la acrilamida incrementa el riesgo de varios tipos de cáncer, ya que en el cuerpo, esta sustancia se convierte en un compuesto llamado glicidamida, la cual causa mutaciones y daños al ADN.

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