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Un simple hongo podría ser el ser vivo más grande y antiguo de la Tierra

Cuando pensamos en seres vivos grandes es complicado que no pensemos en ballenas o en enormes secuoyas, pero en la década de los años ochenta, se descubrió un hogo que hace pequeños a todos ellos.

La presencia de la seta de la miel o armilaria es bastante común entre los árboles secos de América del Norte, pero lo que parecen setas individuales generalmente son las puntas de todo un gigante, una red de fibras enteradas que conforman un organismo complejo.

En 1988 los científicos comenzaron a realizar pruebas genéticas sobre las setas de la miel en un bosque en Crystal Falls, Michigan y lo sorprendente del descubrimiento fue que se llegó a la conclusión de que todas las setas individuales que cubrían el suelo eran clones que emergían del mismo organismo.

Las estimaciones iniciales  estimaban que el peso del organismo debería rondar las 100 toneladas, con una estructura de raíz que debería ocupar unos 120.000 metros cuadrados del bosque.

Los últimos estudios realizados sobre el hongo estiman su masa en unas 400 toneladas con una extensión de unos 370.000 metros cuadrados, confiriéndole el tamaño de un centro comercial de gran tamaño.

¿El organismo más antiguo?

Pero nadie se pone así de grande de la noche  a la mañana. Inicialmente los estudios estimaron que el hongo contaba con unos 1.500 años de antigüedad, pero con los últimos análisis se piensa que el hongo “nació” hace unos 2.500 años, en tiempo todavía de los antiguos griegos.

Aparte de su tamaño y antigüedad aún se encontró una sorpresa tras analizar su ADN, se secuenciaron los genomas de 15 muestras de este hongo y se compararon las diferencias en su ADN. Dado que ya se sabía que todas las células se habían clonado del mismo cuerpo, no era de extrañar que fueran prácticamente idénticas.

A pesar de los siglos de crecimiento constante, solo 163 de los 100 millones de bases que conforman su código genético habían cambiado, algo estaba evitando que evolucionara.

No está tan claro lo que podría ser; ya sea que funcionen algunos mecanismos bioquímicos sofisticados, o simplemente el hecho de que la mayoría de estos hongos gigantescos viven bajo tierra, escondidos de las mutantes fuerzas de la naturaleza.

Pero aun con todo, no es el hongo más grande del mundo. En 1998, se descubrió una red clonada aún mayor de setas de miel en las Montañas Azules de Oregón  que cubre una extensión de 9,65 kilómetros cuadrados  y podría ser tan antigua como la propia civilización con unos 8.500 años de antigüedad.

Si tenemos en cuenta que la única manera de averiguar el tamaño de estos hongos es analizar sus genomas, es posible que existan especímenes aún mucho mayores y más viejos escondidos en algún sitio.

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