Computadora cuántica: Taiwán da el salto hacia la autonomía tecnológica

La computadora cuántica dejó hace tiempo de ser solo un concepto teórico reservado a laboratorios occidentales. El pasado 6 de febrero de 2026, Taiwán anunció oficialmente la presentación de su primera computadora cuántica desarrollada íntegramente con tecnología nacional, un movimiento que, aunque discreto en cifras, tiene un fuerte peso estratégico y tecnológico.

No se trata de competir todavía con gigantes como IBM o Google en número de qubits, sino de algo más profundo: controlar todo el ciclo de desarrollo de un sistema cuántico funcional sin depender de proveedores externos.

Qué se presentó exactamente

El sistema anunciado es la evolución directa de un prototipo previo mostrado en 2023. Aquel primer modelo contaba con apenas 5 qubits y tenía un carácter claramente experimental. El nuevo equipo eleva esa cifra hasta los 20 qubits, una mejora significativa dentro del contexto de investigación local.

Esta computadora cuántica ya está operativa y disponible para investigadores taiwaneses, que pueden utilizarla para simulaciones, pruebas de algoritmos cuánticos y estudios relacionados con corrección de errores y estabilidad del sistema. No es un anuncio “de laboratorio”, sino una plataforma real de trabajo.

Desde el punto de vista técnico, hablamos de un sistema aún limitado en escala, pero plenamente funcional dentro de su propósito.

Por qué este anuncio es relevante

En computación cuántica no todo es contar qubits. De hecho, uno de los grandes problemas actuales es que aumentar el número sin controlar el ruido y la coherencia suele ser contraproducente.

El mensaje de Taiwán es claro: dominar el diseño, la construcción y la integración de una computadora cuántica propia es el primer paso para poder escalar en el futuro. Tener soberanía tecnológica en este ámbito permite iterar más rápido, experimentar sin restricciones externas y formar talento local especializado.

En un contexto geopolítico donde los semiconductores ya son un activo estratégico, la computación cuántica empieza a jugar en la misma liga.

Mejora clave: estabilidad y coherencia de los qubits

Uno de los datos más interesantes del anuncio fue la mejora en la consistencia del sistema. En el prototipo de 2023, el tiempo de coherencia de los qubits oscilaba entre 15 y 30 microsegundos. En el nuevo modelo, ese valor se acerca a los 530 microsegundos.

Este salto no es menor. En términos prácticos, significa que los qubits pueden mantener su estado cuántico durante más tiempo, lo que reduce errores y permite ejecutar cálculos más complejos antes de que el sistema colapse.

La estabilidad sigue siendo uno de los grandes cuellos de botella de cualquier computadora cuántica, por lo que este avance apunta en la dirección correcta.

Cómo lograron esta mejora técnica

El equipo, vinculado a la Academia Sinica, explicó que el desarrollo se basó en el uso de superconductores y en un proceso de fabricación optimizado para minimizar interferencias electromagnéticas y ruido térmico.

Reducir el “ruido” es fundamental en computación cuántica, ya que cualquier perturbación externa puede alterar el estado de los qubits. La integración cuidadosa de componentes y el control del entorno físico son tan importantes como el diseño lógico del sistema.

La presentación del equipo tuvo lugar durante un workshop celebrado entre el 4 y el 6 de febrero, donde se detallaron parte de estos avances técnicos.

Más allá de los números

Aunque 20 qubits no marcan ningún récord mundial, esta computadora cuántica representa algo más valioso: una base tecnológica propia. A partir de aquí, Taiwán puede trabajar en versiones más avanzadas, mejorar sus algoritmos cuánticos y desarrollar soluciones adaptadas a sus necesidades científicas e industriales.

En computación cuántica, la independencia tecnológica puede ser tan importante como la potencia bruta. Y este primer paso, aunque modesto, sienta las bases para un desarrollo sostenido a largo plazo.

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