Cuales son los materiales de impresión más usados en impresora 3d

Cuando alguien empieza a trabajar con una impresora 3d, casi siempre lo hace con PLA y rara vez se plantea que existen muchos más materiales con propiedades mecánicas, térmicas y químicas muy distintas. Y es normal. El problema es que esa visión limita bastante lo que se puede fabricar de verdad con una máquina FDM )Fused Deposition Modeling).

Vamos a revisar los principales materiales para impresión 3D, sus usos reales, temperaturas habituales y problemas comunes. No es una lista de ficha técnica, es experiencia aplicada.

El PLA: el punto de partida de casi toda impresora 3D

El PLA sigue siendo el filamento más utilizado en impresión FDM, sobre todo porque imprime fácil, es estable y no exige una máquina cerrada. Se mueve normalmente entre 200 y 215 °C y, aunque puede imprimirse sin cama caliente, una base a 50–60 °C mejora mucho la adhesión.

A nivel mecánico cumple, pero su resistencia térmica es baja. Una pieza olvidada en el coche en verano se deforma, y eso hay que tenerlo claro desde el principio. Existen variantes de PLA con aditivos que mejoran el flujo, reducen atascos o aumentan ligeramente la resistencia al impacto, aunque el límite térmico sigue ahí.

También hay PLA formulados específicamente para tratamientos térmicos posteriores (annealing), que permiten subir bastante la temperatura de trabajo final de la pieza. No es magia, pero funciona.

PETG: el salto lógico cuando el PLA se queda corto

El PETG suele ser el siguiente paso natural cuando alguien ya controla su impresora 3D. Es más resistente al calor que el PLA, aguanta mejor esfuerzos mecánicos y no sufre warping severo como el ABS.

Se imprime entre 235 y 245 °C, con cama a unos 70–80 °C. Conviene empezar con el ventilador de capa apagado y ajustar después. Es un material algo más viscoso, lo que implica más tendencia a hilos si no se afina la retracción.

Para piezas funcionales, carcasas, soportes o componentes que van a estar cerca de fuentes de calor moderadas, el PETG es una opción muy sólida.

Materiales flexibles: TPU y similares

Cuando hablamos de flexibles entramos en otro terreno. TPU, TPE o TPV permiten fabricar piezas con cierta elasticidad: juntas, protectores, plantillas, elementos amortiguados.

El principal problema no es el material en sí, sino la configuración de la impresora. Un extrusor directo facilita mucho las cosas. En Bowden se puede imprimir, pero a menor velocidad y con retracciones muy controladas o incluso desactivadas.

No es un filamento complicado, pero sí exige paciencia y pruebas.

ABS: viejo conocido, no siempre bien entendido

El ABS tiene mala fama, y en parte se la ha ganado. Es más exigente: necesita cama a 90–100 °C, temperaturas de extrusión en torno a 230–240 °C y, casi imprescindible, una impresora cerrada.

A cambio ofrece mejor resistencia térmica que el PLA y una buena solidez estructural. El problema suele venir por corrientes de aire, mala adhesión o ventilación excesiva de capa. Bien configurado, funciona. Mal tratado, desespera.

Filamentos técnicos: policarbonato, PP y nylon

Aquí ya entramos en materiales para aplicaciones más serias.

El policarbonato destaca por su resistencia mecánica y térmica, pero exige hotend metálico, cama capaz de llegar a 110–120 °C y adhesivos específicos. No es para cualquier impresora 3D de serie.

El polipropileno (PP) es ligero, químicamente resistente y permite piezas bastante estancas. Flota en el agua, lo cual ya da una pista de su densidad. Eso sí, el warping es importante y requiere brim y buena preparación de la base.

El nylon es otro mundo: resistente, semi flexible, muy duro frente a esfuerzos mecánicos y a hidrocarburos. Ideal para engranajes o piezas sometidas a fricción. La humedad es su peor enemigo, así que hay que secarlo bien antes de imprimir.

Filamentos estéticos y especiales

Además de lo funcional, la impresión 3D también tiene un lado visual. Existen PLA con fibras de café, partículas metálicas, efectos bicolor, filamentos que brillan en la oscuridad o incluso materiales fotocromáticos que reaccionan a la luz UV.

Estos filamentos suelen requerir boquillas más grandes y velocidades algo más bajas, porque las partículas pueden erosionar el nozzle con el tiempo.

Soportes solubles: cuando la geometría se complica

Por último, los filamentos solubles en agua como PVA o materiales solubles en limoneno permiten imprimir soportes que luego desaparecen en agua o disolvente. Son especialmente útiles en impresoras de doble extrusor y en piezas con geometrías complejas.

No son baratos, pero bien usados ahorran tiempo y mejoran mucho el acabado final.

Una impresora 3D es mucho más que PLA y figuritas decorativas. Conocer los materiales, sus límites y sus ventajas es lo que realmente marca la diferencia entre imprimir “cosas” y fabricar piezas útiles.

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