Durante años, la fibra óptica ha sido el estándar absoluto cuando se habla de velocidad, estabilidad y capacidad de transmisión de datos. Sin embargo, un experimento reciente desarrollado por investigadores de la Universidad de California ha abierto una puerta que hasta hace poco parecía más teórica que real: alcanzar 120 Gbps de velocidad inalámbrica usando frecuencias cercanas a las que se están estudiando para el futuro 6G.
No se trata de un producto comercial ni de algo que vayamos a ver mañana en casa, pero sí de una demostración técnica muy seria que apunta a un concepto cada vez más repetido en entornos profesionales: la llamada fibra inalámbrica.
Un transceptor que se acerca a la fibra opotica sin usar cables
El experimento se basa en un nuevo tipo de transceptor capaz de operar en la banda de 140 GHz, dentro de la conocida F-band. A estas frecuencias, el ancho de banda disponible es enorme, lo que permite alcanzar velocidades que, hasta ahora, solo eran viables con fibra óptica física.
Los investigadores lograron transmitir datos a 120 Gbps, una cifra que supera ampliamente lo que hoy ofrecen tecnologías como 5G avanzado o incluso Wi-Fi 7 en escenarios reales. En términos puramente técnicos, estamos hablando de un rendimiento que empieza a colocarse en el mismo terreno que muchos enlaces de fibra óptica usados en centros de datos.
Eso sí, el contexto es importante: se trata de enlaces de corto alcance, altamente direccionales y en condiciones muy controladas.
La clave no fue solo la velocidad, sino la eficiencia
Uno de los grandes problemas históricos de trabajar a frecuencias tan altas siempre ha sido el consumo energético. Los sistemas tradicionales requieren convertidores digitales-analógicos (DAC) muy complejos, que disparan el gasto energético y hacen inviable cualquier despliegue práctico.
Aquí es donde este trabajo marca una diferencia clara. En lugar de seguir el enfoque clásico, el diseño utiliza una arquitectura híbrida analógica, basada en múltiples subtransmisores que operan de forma sincronizada. Cada uno de estos bloques consume alrededor de 230 mW, una cifra sorprendentemente baja para este rango de frecuencias.
Este enfoque permite construir la señal directamente en radiofrecuencia, evitando etapas intermedias muy costosas en términos de energía. Dicho de otro modo: no solo se acerca a la fibra óptica en velocidad, sino que empieza a hacerlo con una eficiencia razonable.
Un proceso de fabricación más realista de lo esperado
Otro detalle interesante es el uso de un proceso de fabricación de 22 nm, bastante más maduro que otros nodos extremos que suelen emplearse en investigación puntera. Esto no es un detalle menor.
Utilizar un nodo más asentado implica:
- Menores costes de producción
- Mayor fiabilidad industrial
- Más facilidad para escalar el diseño en el futuro
Todo esto refuerza la idea de que no estamos ante un experimento puramente académico, sino ante una base técnica que podría evolucionar hacia soluciones reales, especialmente en entornos profesionales.
¿Por qué esto importa para la fibra óptica en centros de datos?
En los data centers, gran parte del coste y la complejidad no está solo en los servidores, sino en el cableado. Kilómetros de fibra opotica, bandejas, conectores, mantenimiento y una planificación muy rígida del espacio.
Un enlace inalámbrico de 120 Gbps, estable y eficiente, podría sustituir determinados tramos de cable entre racks o incluso entre edificios cercanos. No eliminaría la fibra óptica, pero sí podría reducir su uso en puntos concretos donde la flexibilidad es clave.
Aquí es donde el concepto de fibra óptica inalámbrica empieza a tener sentido real, al menos dentro de infraestructuras controladas.
Las limitaciones siguen ahí (y no son pocas)
Conviene no caer en el entusiasmo fácil. Las frecuencias de 140 GHz tienen limitaciones muy claras:
- Alcance reducido
- Alta sensibilidad a obstáculos físicos
- Atenuación elevada incluso por el aire
- Necesidad de alineación muy precisa
Esto hace que, a día de hoy, pensar en este tipo de tecnología para uso urbano o doméstico sea poco realista. Para la “calle”, todavía faltan avances importantes en cobertura, estabilidad y gestión dinámica del enlace.
En otras palabras: no va a sustituir a la fibra óptica que llega a casa, al menos no en un futuro cercano.
Relación con el futuro 6G
Aunque no es una tecnología 6G como tal, sí trabaja en bandas de frecuencia muy próximas a las que se están estudiando para ese estándar. Esto convierte al experimento en una especie de laboratorio adelantado de lo que podría venir.
Velocidades extremas, enlaces muy direccionales, baja latencia y un enfoque claramente orientado a entornos de alta densidad de datos. Todo encaja bastante bien con la visión teórica del 6G.
Conclusión: complemento, no sustituto de la fibra opotica
Este avance no elimina la fibra óptica, pero sí redefine su papel. A corto y medio plazo, lo más realista es pensar en estas soluciones inalámbricas como un complemento para enlaces específicos donde el cable resulta caro, rígido o poco práctico.
La idea de alcanzar velocidades de fibra óptica sin cables ya no es ciencia ficción. Todavía queda mucho trabajo por delante, pero los cimientos técnicos están puestos, y eso, en ingeniería, suele ser la parte más difícil.

