La posibilidad de clonar neandertales vuelve periódicamente al debate científico, especialmente cada vez que aparecen nuevos avances en ingeniería genética, ADN antiguo o técnicas de clonación. Sin embargo, entre recuperar información genética de una especie extinguida y conseguir que nazca un individuo completo existe una distancia enorme.
La imagen de un laboratorio capaz de recuperar un Homo neanderthalensis a partir de restos fósiles resulta atractiva para la ciencia ficción, pero la realidad es bastante más complicada. Los investigadores han conseguido reconstruir buena parte del genoma neandertal a partir de fragmentos de ADN conservados en restos óseos, pero disponer de una secuencia genética no significa disponer de una célula viva que pueda utilizarse directamente para crear un embrión.
La clonación no consiste simplemente en copiar un genoma
Para entender el problema hay que recordar cómo funciona la clonación convencional. El procedimiento que permitió obtener a Dolly en 1996 utilizó el núcleo de una célula somática de una oveja, que fue introducido en un óvulo al que previamente se había retirado su material genético. A partir de ahí se inició el desarrollo embrionario.
La cuestión fundamental es que aquella célula contenía un genoma completo y funcional. En el caso de los neandertales no disponemos de algo equivalente. Los restos tienen decenas de miles de años y el ADN fósil se encuentra fragmentado, degradado y mezclado en ocasiones con material genético procedente del entorno o de otros organismos.
Por tanto, aunque la secuenciación genética permite reconstruir progresivamente la información que contenía aquel ADN, no existe una célula neandertal viva cuyo núcleo pueda extraerse y utilizarse mediante una técnica de clonación convencional.
El problema de reconstruir el genoma neandertal
Uno de los grandes avances de la genética moderna ha sido precisamente la recuperación y análisis de ADN procedente de restos de neandertales. Estos estudios han permitido conocer una cantidad considerable de información sobre su evolución, sus poblaciones y su relación con los humanos modernos.
Pero un genoma no es simplemente una lista de genes que puedan colocarse en el orden correcto. La actividad de cada gen depende de complejas interacciones con otros genes y de mecanismos de regulación celular. También intervienen factores epigenéticos, el desarrollo embrionario y las condiciones ambientales.
Por eso, aunque algún día fuese posible construir artificialmente una copia extremadamente precisa del genoma neandertal, todavía quedaría resolver cómo introducir ese material genético en una célula compatible y conseguir que el conjunto de instrucciones funcione correctamente durante el desarrollo.
La diferencia es importante. Tener el código genético de una especie no equivale necesariamente a tener las herramientas biológicas necesarias para convertir ese código en un organismo vivo.
La llamada desextinción tampoco significa recuperar una especie exactamente
En los últimos años ha ganado protagonismo el concepto de desextinción, asociado a diferentes proyectos de biotecnología y edición genética. El debate se ha intensificado con los trabajos realizados sobre especies desaparecidas y con los intentos de modificar genéticamente especies actuales para introducir determinadas características de animales extintos.
Sin embargo, modificar el genoma de una especie existente no es exactamente lo mismo que recuperar una especie desaparecida. El caso de los llamados lobos gigantes o dire wolves es especialmente ilustrativo. Los animales desarrollados mediante modificaciones genéticas proceden de lobos grises y presentan determinados cambios destinados a aproximarlos a características atribuidas al animal extinto.
Esto muestra una diferencia fundamental entre producir un organismo genéticamente modificado con determinados rasgos y conseguir una copia biológica auténtica de una especie extinguida.
¿Qué ocurriría con un clon de neandertal?
Incluso suponiendo que los obstáculos técnicos pudieran resolverse, clonar un neandertal plantearía problemas que van mucho más allá de la tecnología. Los neandertales pertenecían al mismo género que nosotros y fueron una población humana diferente, no un animal experimental cualquiera.
Además, sabemos que hubo contacto entre Homo sapiens y neandertales y que se produjeron intercambios genéticos entre ambas poblaciones. Parte del ADN neandertal continúa presente en las poblaciones humanas actuales, aunque en proporciones variables.
La cuestión ética sería especialmente compleja si el procedimiento implicara un embarazo humano y el nacimiento de un individuo con una combinación genética creada artificialmente. La clonación reproductiva presenta todavía importantes problemas biológicos y una elevada tasa de fracaso en modelos animales. Trasladar ese procedimiento a un ser humano plantearía riesgos considerables.
Por este motivo, la discusión sobre resucitar neandertales no puede reducirse a si algún laboratorio dispone de suficiente tecnología. También habría que determinar qué finalidad tendría el procedimiento, qué riesgos asumiría el individuo creado y qué marco jurídico y ético debería aplicarse.
La ciencia todavía tiene mucho que investigar
Por ahora, estudiar a los neandertales resulta mucho más viable que intentar devolverlos a la vida. El análisis de restos arqueológicos, herramientas, dientes, huesos y, especialmente, del genoma humano y del ADN recuperado de poblaciones antiguas está proporcionando información que hace unas décadas habría parecido imposible.
La investigación actual permite reconstruir aspectos de la evolución humana, conocer relaciones entre poblaciones y estudiar cómo interactuaron nuestros antepasados con otros grupos humanos.
Así que la respuesta a la pregunta de si podemos clonar neandertales es, con la tecnología disponible actualmente, no. El principal obstáculo no es únicamente conseguir una secuencia de ADN, sino disponer de material genético completo y funcional y comprender suficientemente los mecanismos que permiten transformar esa información en un organismo viable.
La posibilidad de hacerlo algún día pertenece todavía al terreno de la especulación científica. Por ahora, los neandertales siguen siendo estudiados allí donde realmente podemos encontrarlos: en sus restos, en las herramientas que fabricaron y, de forma sorprendente, en pequeñas partes de nuestro propio ADN.

